Me lo contó la traductora Lorena Delgado, bajo el sol tibio de Colonia, en un mediodía de paraíso:
A Valeria -su hermana- le habían regalado una tortuga. Le pusieron un nombre sin dar demasiadas vueltas: Gabriela. No era simpática como la famosa Manuelita de Pehuajó. Casi todo lo contrario. Tenía particularidades de asombro: mordía el pie de cada uno que se le cruzara en su camino de pasos lentos, desaparecía sin avisar, se metía debajo del hogar, jugaba a resucitar después de tirarse del primer piso. Locuras de una tortuga incómoda.
Le gustaban los riesgos, también: solía trepar paredes, pero su inevitable torpeza la dejaba invariablemente dada vuelta. Si estaba sola, era un peligro grande. Algunos en la familia llegaron a pensar que Gabriela se quería suicidar. La tortuga estaba harta de su casa de Barracas; y en la casa también estaban hartos de ella. La decisión siguiente fue una consecuencia: a Gabriela la mudaron a la casa de María Rosa, la maestra de Loli. Allí, encontró su lugar en el mundo: había loros, perros, gatos; también una tortuga amiga.
Pero llegó la primavera y con ella, una sorpresa: la tortuga amiga iba a tener tortuguitas. Gabriela no era tan nena como su nombre indicaba. Gabriela era un tortugo al que nadie había sabido comprender...
lunes, agosto 08, 2011
Gabriela, el tortugo
Me lo contó la traductora Lorena Delgado, bajo el sol tibio de Colonia, en un mediodía de paraíso:
A Valeria -su hermana- le habían regalado una tortuga. Le pusieron un nombre sin dar demasiadas vueltas: Gabriela. No era simpática como la famosa Manuelita de Pehuajó. Casi todo lo contrario. Tenía particularidades de asombro: mordía el pie de cada uno que se le cruzara en su camino de pasos lentos, desaparecía sin avisar, se metía debajo del hogar, jugaba a resucitar después de tirarse del primer piso. Locuras de una tortuga incómoda.
Le gustaban los riesgos, también: solía trepar paredes, pero su inevitable torpeza la dejaba invariablemente dada vuelta. Si estaba sola, era un peligro grande. Algunos en la familia llegaron a pensar que Gabriela se quería suicidar. La tortuga estaba harta de su casa de Barracas; y en la casa también estaban hartos de ella. La decisión siguiente fue una consecuencia: a Gabriela la mudaron a la casa de María Rosa, la maestra de Loli. Allí, encontró su lugar en el mundo: había loros, perros, gatos; también una tortuga amiga.
Pero llegó la primavera y con ella, una sorpresa: la tortuga amiga iba a tener tortuguitas. Gabriela no era tan nena como su nombre indicaba. Gabriela era un tortugo al que nadie había sabido comprender...