domingo, diciembre 27, 2009

Pelotas mal nacidas


Hay otra historia detrás de cada una de esas pelotas que lucirán impecables a partir del 31 de mayo, cuando comience el Mundial de Japón y de Corea. En Jalandhar, en el estado indio de Punjab, como en otros tantos lugares de ese país y de otros países, se ven niños a los que todavía les falta bastante para ser adolescentes cosiendo balones de fútbol, obligados hasta el límite. Ellos, descalzos, desprovistos de todo, trabajan entre diez y doce horas diarias a cambio de casi nada, de indiferencia. Ellos, en lugar de jugar con una pelota como cualquier otro niño, las producen en condiciones infrahumanas. Es una práctica usual en territorios de carencias extremas.
Por eso, la agrupación Marcha Global contra la explotación de los niños presentó un informe ante la FIFA con los detalles de esta situación y un petitorio inevitable: "Que se termine ya todo esto; se trata de un crimen a la niñez", como señala el presidente de la entidad benéfica, Kailas Satyarthi. Sin embargo, no hubo respuestas de la FIFA, la empresa que más factura en el Mundo. Philippe Roy, coordinador de Marcha Global, señaló: "Han preferido hacerse los ciegos y los sordos. Pero conocen que India y Pakistán son los países que más productos oficiales de FIFA van a elaborar para el próximo Mundial y nosotros sabemos que miles de niños están involucrados en la producción de este material. Y esto no es nuevo. Es una historia que se repite. Y crece".
El secretario general de la FIFA, Michel Zen Ruffinen, indicó hace tiempo que esa entidad garantizaría que los productos (en especial los balones cuya licencia tiene la empresa Adidas) utilizados en la Copa del Mundo se elaborarían de acuerdo a las actuales normativas de trabajo. Sin embargo, Roy denuncia: "Adidas nunca ha respondido a lo que nuestro informe llama 'parte oscura del fútbol', que se refiere a la explotación infantil". Mientras se repiten pedidos a modo de clemencia. Mientras sólo hay silencio cómplice de los dueños del negocio. En Jalandhar y en muchas otras ciudades similares esos niños a los que no les dejan ser tales trabajan hasta el dolor, sufren.

*El texto fue publicado por el autor del Blog en 2002, en Clarín. Más de siete años después, nada cambió.



Post publicado desde Mar de las Pampas.

martes, diciembre 22, 2009

El derecho de soñar



Cuenta el estupendo Eduardo Galeano. Se trata de un abrazo a la posibilidad de soñar, ese derecho innegociable. Resulta, sobre todo, una inspiración para aquellos que aún se animan a imaginar un mundo mejor.



Nota: con este post comienza la serie "Mi verano con Eduardo Galeano". Una sucesión de espacios al servicio de la lucidez del maravilloso escritor uruguayo.

domingo, noviembre 15, 2009

Preciosas añoranzas


El restorán El Trébol, sobre la avenida Alsina, era una parada frecuente para aquel Banfield que parecía capaz de todo. Ese que en 1951 perdió el desempate con Racing, pero fue un campeón sin corona ni vuelta olímpica. Allí, con la mansedumbre traída desde el sur de Santa Fe, Eulalia María, Irma Antonia y Pablo Pompilio le ponían su juventud y sus manos laboriosas al día a día del restorán. El viejo era el dueño y hacía pocas concesiones. Así, a consecuencia de buenos tratos de los futbolistas exitosos de esos días (Graneros, Mouriño, D'Angelo, Converti, Albella, entre otros), todos ellos --los Mases, hermanos de sangre y de alma-- se hicieron hinchas del único club posible: Banfield.
Pasaron los días, los años, las décadas. A su club le sucedió de todo. Se fue a la B, volvió, sufrió, gozó y hasta jugó la Libertadores. Y a ellos, también. Se mudaron lejos. Estuvieron por Núñez, por Saavedra, por Coghlan, por Vicente López. Eulalia ya no está. Se la llevó al mejor de los cielos una enfermedad de las que no se curan. Pero Pablo e Irma andan por ahí casi sin creer lo que pasa: escuchan en la radio y en la tele que Banfield, su Banfield, puede ser campeón por primera vez. Sonríen y se acuerdan de días felices: aquellos de las visitas a los cines con butacas de pana y de las clases de pintura con el maestro Silvio Rossi. Y ese Banfield --equipo, barrio, espacio de pertenencia-- ahora les hace una invitación para volver a esa cancha que es nueva y distinta, que se llama Florencio Sola, pero que queda en el lugar de siempre: adentro de sus corazones. Irma, Pablo y el recuerdo de Eulalia prometen estar allí, en la fecha 18, ante Tigre. Hay una posiblidad enorme: la de la consagración de ese Banfield que añoran.

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarín.

lunes, octubre 19, 2009

Habitante sentimental


No nací en Parque de los Patricios. Tampoco viví en sus encantadores rincones. Pero lo conocí y lo redescubro cada vez que puedo. Celebro sus ritos. Camino sus calles, sus parques, sus empedrados. Me deleito en sus bares sin tiempo. Abrazo a su Huracán emblemático y también mío. Soy, en definitiva, un orgulloso habitante sentimental de ese barrio que me resulta tan propio.
En su geografía de arrabal brotó y se crió el tango, ahora Patrimonio Cultural de la humanidad. Por eso, como casi ningún otro, Parque de los Patricios se presta a esa música, a esa poética. Por su condición de fundador, pero sobre todo por su esencia.
Lo que sigue es un homenaje módico: tres tangos para el barrio de La Quema.

Yo soy de Parque Patricios

Yo soy de Parque Patricios,
he nacido en ese barrio
con sus chatas, con su barro.
En la humildad de sus calles
con cercas de madreselvas
aprendí enfrentar a la vida.
En aquellos lindos tiempos
de percal y uva florida
con guitarras en sus noches,
y organitos en sus tardes.
Yo soy de Parque Patricios,
vieja barriada de ayer.
Barrio mío, tiempo viejo,
farol, chata, luna llena,
vieja reja, trenza negra
y un suspiro en un balcón.
Marchois Nana cual te adore.
Muchachada de mis horas,
hoy retornaron recuerdos
que me quema el corazón.
Hoy todo todo ha cambiado
en el barrio caras nuevas,
y yo estoy avejentado
y nostalgias en el alma.
Yo soy de Parque Patricios,
evocación de mi ayer.

Letra de C. Lucero
Musica de Víctor Felice


///

Parque Patricios

Cada esquina de este barrio es un recuerdo
de lo mágica y risueña adolescencia;
cada calle que descubre mi presencia,
me está hablando de las cosas del ayer...
¡Viejo barrio!... Yo que vengo del asfalto
te prefiero con tus calles empedradas
y el hechizo de tus noches estrelladas
que en el centro no se sabe comprender.
¡Parque Patricios!...
Calles queridas
hondas heridas
vengo a curar...
Sonreís de mañanita
por los labios de los mozas
que en bandadas rumorosas
van camino al taller;
sos romántico en las puertas
y en las ventanas con rejas
en el dulce atardecer;
que se adornan de parejas
te ponés triste y sombrío
cuando algún muchacho bueno
traga en silencio el veneno
que destila la traición
y llorás amargamente
cuando en una musiquita
el alma de Milonguita
cruzó el barrio en que nació.
¡Viejo Parque!... Yo no sé que airada racha
me alejó de aquella novia dulce y buena
que ahuyentaba de mi lado toda pena
con lo magia incomparable de su amor...
Otros barrios marchitaron sus ensueños...
¡Otros ojos y otras bocas me engañaron
el tesoro de ilusiones me robaron
hoy mi vida encadenado está al dolor!...

Letra y Música: Oscar Arona

///

Parque Patricios
Para escuchar

Mi viejo Parque Patricios
querido rincón porteño,
barriada de mis ensueños
refugio de mi niñez,
el progreso te ha cambiado
con tu rara arquitectura,
llevándose la hermosura
de tus boliches de ayer.
Cuantas noches de alegría
al son de una serenata,
en tus casitas de lata
se vio encender el farol,
y al vibrar de las vigüelas
el taita de ronco acento,
hilvanaba su lamento
sintiéndose trovador.

Letra de Francisco Laino
Musica de Antonio Radicci

martes, septiembre 22, 2009

Viven las paredes

Quito tiene en sus paredes un rasgo muy latinoamericano: sus paredes hablan. Pasa en grandes ciudades y en pequeñas. Los que hablan español y los que hablan portugués; también las rezagadas comunidades indígenas que sostienen su lengua y su cultura con la fuerza de su constancia y de su razón. Cuentan historias las paredes de nuestra América; dicen lo que muchos no quieren escuchar; gritan aunque parezcan mudas; se quejan de despojos, de injusticias, de dolores. Viven. Sí, esas paredes viven.







Post publicado desde Quito, Ecuador.

jueves, septiembre 03, 2009

El Rey de Copas


Ya en 1991 Brian Clough era un superhéroe de dos ciudades y de dos equipos con una gran rivalidad futbolística: el Derby County y el Nottingham Forest. En esos dos clubes que no pertenecían a la elite del fútbol inglés había construido los mejores momentos de la historia de cada uno. Un año antes, la Universidad de Nottingham lo había nombrado doctor honoris causa como Master of Arts. En breve, recibió la Orden del Imperio Británico con el rango de oficial. Esto le permitía que le trataran oficialmente añadiendo las iniciales OBE (Officer of the British Empire) tras su nombre. Entonces, al momento de las solemnidades, el inmenso Clough respondió con su habitual irreverencia y lucidez. Dijo que las iniciales debían ser de su apodo Old Big 'Ead ("viejo creído").
Nunca se sabía bien si hablaba en serio o en broma. Parecía invariablemente a mitad de camino entre la arrogancia y la simpatía. Salvo cuando se dedicaba a lo suyo: el fútbol. Había sido delantero del Middlesbrough (la ciudad de su nacimiento; el club del que se hizo hincha en los días de la niñez) y del Sunderland. Sus estadísticas lo cuentan como un goleador tremendo: hizo 267 goles en 296 partidos, entre 1955 y 1965. También jugó, pero sin tanto éxitos, en el seleccionado inglés. Una lesión ligamentaria en una de sus rodillas lo obligó a retirarse a los 29 años. Curiosamente, lo mejor estaba por venir. Comenzó su recorrido como entrenador con una aceptable campaña con el Hartlepool. Ese paso marcó uno de los rasgos de su carrera: pelearse con las autoridades, en este caso, con el presidente Ernie Ord. En consecuencia, junto a su inseparable ayudante y amigo Peter Taylor, partieron rumbo al Derby County, que llevaba diez años en la Segunda División. Y consiguió lo que parecía imposible: en cuatro años llevó al equipo a ganar el título en la Liga inglesa (hoy Premier League) y luego a las semifinales de la Copa de Europa, en la que fue eliminado en una serie de escándalo por la Juventus. Volvió a pelearse con las autoridades del club, que lo consideraban inmanejable. Y decidieron echarlo. Al día siguiente recibieron dos mensajes: el primero, una carta del plantel solicitando que regresara el entrenador; el segundo, fue multitudinario: los hinchas organizaron la campaña Bring Back Clough ("traigan de vuelta a Clough"). No hubo caso: Clough prefirió irse a dirigir al Brighton, de la Tercera División, y luego al Leeds United. No le fue bien.
Pero no fue el final, se trató apenas de un impulso: en enero de 1975, asumió en el Nottingham Forest. Uno de los milagros más grandes de la historia del fútbol estaba por suceder. Entre 1977 y 1980 el equipo pasó de la Segunda División a ganar siete títulos (una Liga, dos Copas de la Liga, una Community Shield, dos Copas de Campeones de Europa y una Supercopa de Europa). Tenía una varita mágica: convertía a jugadores desconocidos en figuras. Un caso emblemático fue el de John Robertson, quien cuando llegó al Forest iba a ser vendido a un equipo de Tercera División. Luego fue clave en ese ciclo impresionante. Decía Clough sobre él: "Era un joven realmente muy poco atractivo. Si un día me estaba encontrando un poco mal, me sentaba al lado suyo. Yo parecía Errol Flynn comparado con él. Pero le dabas un metro de césped y era un artista. El Picasso de nuestro equipo".
Su ciclo en el Forest continuó hasta 1993 y ganó otras dos Copas de la Liga (en 1989 y 1990). Esos dos trofeos fueron los últimos en la historia del club. Con la partida de Clough el Nottingham fue perdiendo terreno. Y su mayor motivo de orgullo, ahora, parece ser evocar al increíble Clough.
Nunca lo eligieron para dirigir al seleccionado inglés. Una rareza. O no tanto. Lo explicó él mismo, en alguna oportunidad: "Estoy seguro de que los encargados de decidir al seleccionador inglés pensaron que si me daban el cargo, hubiera querido manejar todo. Fueron astutos: es exactamente lo que habría hecho". Era políticamente incorrecto.
Clough siempre se manifestó socialista y le ofrecieron en varias oportunidades un puesto en el Partido Laborista para ser candidato al parlamento inglés. Nunca aceptó. También militaba: era habitual que participara de las marchas de apoyo a las huelgas de los mineros, incluso formando parte de los piquetes. Y firmó el manifiesto de fundación apoyando a la Anti-Nazi League, una organización de izquierda que tuvo su apogeo a finales de los años 70.
Cuando dejó su cargo de entrenador, ya conocía algún infierno del alcohol. En 2002 publicó una autobiografía titulada "Cloughie: Walking on water" en la que además de repasar toda su carrera cuenta en detalle sus problemas con la bebida. Pero tenía humor incluso para eso: en la presentación del libro se refirió al título elegido y dijo "¿caminar sobre el agua? Supongo que mucha gente estará diciendo que en vez de caminar sobre ella, debería haberla tomado más en mis bebidas. Tienen toda la razón".
Murió el 20 de septiembre de 2004 debido a un cáncer de estómago. Tuvieron que habilitar un estadio, el Pride Park de Derby, para que lo fuera a despedir tanta gente que lo quería. No se recuerdan en la ciudad de Derby tantas ofrendas florales juntas.
Antes y después de su adiós, recibió todos los tributos: le escribieron libros y canciones; hicieron videojuegos y películas; una de las tribunas The City Ground, el estadio del Forest, fue reedificada en 1980 con su nombre; en julio de 2004, el tranvía #215 de Nottingham fue renombrado "Brian Clough"; en agosto de 2005, se comenzó a llamar "Clough Way" el tramo de la carretera A52 que une Derby con Nottingham; en ambas ciudades, hay una estatua que lo recuerda; lo mismo sucede cerca de la casa en la que se crió, en Middlesbrough.
Una vez, ya consagrado, le preguntaron cuál había sido el día más feliz de su vida. Y el dueño de tantos éxitos, El Rey de Copas, respondió: "Cuando me casé con mi esposa Barbara". Lo dijo serio, convencido. El inolvidable Clough también sabía ofrecer homenajes.

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarin.com

Cine:


The Damned United, la última película sobre Brian Clough (2009).

Más:
Detalles sobre el film, en IMDB.

lunes, agosto 03, 2009

Espíritu de equipo


Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se disponen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternativamente a sus futuros compañeros.
Se supone que los más diestros son elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances.
El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector observó que las decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.
Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.

El siguiente texto (titulado "Instrucciones para elegir en un picado") lo escribió Alejandro Dolina. Y fue enviado por Fernando Kejval, integrante del Misura en tiempos ya remotos.

domingo, julio 05, 2009

Viejo, nos cagaron


Hay otra historia detrás del subcampeonato. Y no es la historia de una derrota. No perdió Huracán, más allá de que no dio la vuelta olímpica. Porque Angel Cappa y Mario Bolatti no merecían ese desenlace sin consagración. No, seguro que ellos no perdieron. Tampoco los pibes, como Javier Pastore y Matías Defederico, que le pusieron su cara a una caída que no fue tal. Porque está claro que perder no siempre es perder.
Y así como el fútbol del mundo recuerda a campeones sin vuelta, como Hungría de 1954, o como Holanda de 1974. Así como el fútbol argentino no olvida a Gimnasia La Plata de 1933, a Banfield de 1951, a Lanús de 1956. O como la historia quemera rememora a La Aplanadora de 1939, a Los Penta de 1976; este Huracán de Angel Cappa ya se había garantizado un lugar en el pedestal más allá del tropiezo ante Vélez, en Liniers.
El técnico lo escuchó desde joven, y lo militó desde entonces: “Hay muchas formas de perder. Usted elija siempre perder jugando, perder de pie”. Y este Huracán cayó de pie. Porque jugó para el aplauso y porque soñó desde lo imposible. Porque se armó para lidiar con el promedio y fue motivo de elogio de propios y de ajenos. Porque permitió lo que casi nadie en la historia reciente de Huracán: que el Globo de Newbery en el pecho fuera un orgullo inflado.
Es cierto, no estará la sexta estrella en la camiseta a partir del Apertura. Pero sí habrá una memoria que lo guardará siempre a este Huracán, a estos Angeles de Cappa, a este Equipo del Pueblo. Porque el recorrido fue un placer y un lujo. Por eso, también la ovación para ellos. Los aplausos, el reconocimiento, las lágrimas compartidas, ese dolor que es militancia y pertenencia. No habrá olvido para esta tarde de Liniers, más allá del golpe. Porque el hincha de Huracán no es hincha del éxito sino de su identidad. Y este equipo hizo algo enorme. Fue generoso como aquellos equipos tetracampeones de la década del ‘20, como Guillermo Stábile y Cesáreo Onzari; fue guapo como Herminio Masantonio; fue futbolísticamente romántico como Emilio Baldonedo y Tucho Méndez; fue lúcido y hasta lujoso como en los días felices de los 70. Resultó, sobre todas las cosas, una reivindicación de aquellos mandamientos que parecían perdidos.
Se deshace la tarde en Liniers, bajo el cielo del Amalfitani. Es un golpe cada paso rumbo a los barrios del Sur. Se entiende cada llanto. El fútbol tiene esa cara ingrata tantas veces. Pero ninguno de ellos, ni el más quejoso ni el menos optimista, tienen un reproche para ofrecer. Y no porque el alma rota se los impida. Simplemente, porque este Huracán fue una excusa para vivir felices por un rato y abrazados a una posibilidad. Y eso, hoy, mañana, siempre, será una razón suficiente para decirles a los protagonistas de este recorrido una palabra de siete letras y un sólo significado: gracias. Sucede que la gloria, a veces, no necesita de vueltas olímpicas.

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarín. Y posteriormente incorporado en el libro "El campeón de la gente", del periodista Gustavo Catalano.

Nota: mi Viejo, que ya no está, me hizo quemero.

martes, junio 02, 2009

Manchester: bellezas, misterios y contrastes


Cosmopolitan
Si hubiera una competencia sobre el carácter cosmopolita de las ciudades, Manchester podría competir y hasta llegar a la final de la Champions League, como el United. Se comprueba en las calles. Hay árabes con sus turbantes y también con sus billetes (el dueño del Manchester City, por ejemplo, es un integrante de la familia real de los Emiratos Arabes Unidos). Hay hijos e hijas de las antiguas colonias británicas en Africa y, sobre todo, en el Caribe. Hay indios que llegaron para poner sus negocios breves en casi todas las cuadras del centro. Hay un barrio chino, con todos sus vértigos y sus colores. Hay italianos y españoles que eligieron las pastas y las tapas para llenar sus bolsillos vendiendo comida. Hay galeses, escoceses e irlandeses que, sostienen, en Manchester se sienten como en sus casas. Hay japoneses y coreanos que trabajan en áreas vinculadas con el servicio y/o con la tecnología. Hay, parece, gente de cada rincón que uno imagine entre los 2.600.000 que viven en Manchester. Ah, sí, también hay ingleses tomando cerveza en cada bar.

Mitología urbana
Son las diez y media de la mañana y el rito ya comenzó. No se trata de una novedad, pero aún así el asombro llega: en los bares del centro de Manchester hay cervezas de todo tipo sobre las mesas. Jóvenes, grandes, mujeres, hombres, elegantes, descuidados, barbudos, prolijos, metrosexuales. Todos. No hay distinción. Pero no se trata de un ocasional reemplazo del tradicional british breakfast. Nada de eso: hasta puede ser un complemento.
Y el rito continuará hasta que cierre el último de los bares de esta ciudad en la que conviven con armonía las construcciones tradicionales y los edificios modernos. La sorpresa no cesa: a la hora de la merienda, el five o'clock tea se transforma en mitología urbana: la misma señora que uno imagina con una coqueta taza está sentada en la barra del bar One y va por su segunda pinta (la tradicional medida británica para la cerveza). El barman observa todo con naturalidad: se trata de una cuestión cotidiana. Lo mismo sucede en otros bares típicos de la ciudad: Odd, Bluu Bar, The Knott, Mojo. No se observan excepciones. La ceremonia se renueva en cada rincón.


Donde se se transpira fútbol
Manchester resulta tan británica como casi todas las postales británicas. Tiene los encantos de su tradición, con sus construcciones sólidas, con sus viejos espacios (como teatros y estaciones de ferrocarril) reciclados en mandatos de este tiempo: centros comerciales y hoteles de lujo.
En la St. Peter Street, donde se encuentra el Radison Edwardian (la concentración de Los Pumas en esta ciudad), se puede observar otro de los rasgos de la ciudad, vinculados con el deporte: acá, bajo el mismo cielo en el que Carlos Tevez escuchó ovaciones, el fútbol es la vedette. Y no el rugby, más allá del test match de mañana entre Argentina e Inglaterra. Allí, en los bares que tienen pantalla gigante y cervezas de todas las variadades y a toda hora, se ofrece más la televisación del encuentro entre el seleccionado de Wayne Rooney y Frank Lampard contra Kazajstán, por las Eliminatorias para Sudáfrica 2010, que la cita de los Pumas en Old Trafford. El solo hecho de entrar a Brannigans, uno de esos bares, lo confirma: se ven camisetas de todos los tiempos del Manchester United, sobre todo, y las de su rival de la ciudad, el City. De rugby, nada. Como si la ciudad sólo transpirara de fútbol.

Desde Old Trafford
No es un día sencillo en Manchester para que el estadio luzca repleto: justo antes del inicio del partido frente a Los Pumas, juegan los Lions en Sudáfrica, con 9 ingleses en el plantel; en simultáneo, la selección de fútbol visita Almaty para enfrentar a Kazajstán, por las Eliminatorias para Sudáfrica 2010; y a la noche, en esta ciudad tocará Oasis, los vecinos del décimo piso del Radisson Edwardian, el hotel donde se concentra el plantel argentino. Encima, llueve desde hace más de 24 horas. Sin embargo, en las tribunas de Old Trafford hay clima de evento deportivo trascendente: son 40.521 espectadores.
A la hora de los himnos, sucede un episodio poco frecuente: el "oíd mortales" lo escuchan muchísimos ingleses. Hay respeto, silencio y, luego, aplausos. En el centro de la escena, Los Pumas repiten el rito: gritan para que los escuche todo El Teatro de los Sueños. Hay, en el medio del estadio que impacta, una bandera que se parece mucho a un homenaje perpetuo: "Gracias Pumas por los huevos". De fondo se escucha a la murga de Manchester. También hay fuegos artificiales al momento de salir los equipos. Afuera todavía esperan muchos fanáticos con inmensos vasos de cerveza.

Textos escritos por el autor del Blog para Clarín.
Fotos de Rodrigo Vergara, quien además contó sus sensaciones en Rugby Time.


Post publicado desde Manchester, Inglaterra.

martes, mayo 26, 2009

Gracias por el fuego y por tus palabras


Están los que se proponen inventar una vacuna que salve al mundo, los que coleccionan insomnios imaginando la sinfonía insuperable y los que una vez por semana sueñan con fabricarse alas y volar. El Alto, no. El gran deseo entre los deseos del Alto era fundar un equipo de fútbol en el que se iluminara la esencia de la condición humana. Mil veces lo había dicho en el Bar de los Sábados, ese territorio donde estaba claro que no hay mejor certificado de existencia que tener un deseo: le faltaba mucho para hacer real a ese equipo. Salvo el nombre. Eso estaba. Lo llamaría Primavera con una esquina rota.
Ante la posibilidad legítima de que a alguien en el Bar de los Sábados lo desacomodara el bautismo del equipo, el Alto eligió enarbolar su fundamento: "Primavera con una esquina rota es uno de los tantísimos libros de ternuras de Mario Benedetti. Lo compré el 2 de enero de 1985, lo leí sin poder parar el 3 de enero de 1985 y decidí el 4 de enero de 1985 que el día en que fundara un equipo lo llamaría así". El Gordo, otra postal del bar, le preguntó por qué. El Alto le devolvió una respuesta que habitaba su saber y su boca justo desde 1985: "Ahí está todo".
El Alto había crecido enterándose de que Mario Benedetti supo querer la camiseta de Nacional de Montevideo, se entrenó en gritar los goles de Atilio García y vibró de honor por la nobleza de Obdulio Varela. Igual, no era esa la explicación del nombre de su futuro equipo. Había una causa aún mayor: "En Primavera con una esquina rota, brillan el amor y la lucha, la soledad y las ansias, la tenacidad y el aprendizaje, el vacío y la frustración, la plenitud y, sobre todo, la libertad. ¿Díganme qué otra cosa es el fútbol o qué otra cosa es la humanidad?"
En el Bar de los Sábados no hubo voz en esa tarde que no sonara para dedicarle una emoción, una palabra o un tributo a la memoria dulce del gran Mario Benedetti. Eso mismo hizo el Gordo, que miró conmovido al Alto y le aseguró que Primavera con una esquina rota era un nombre perfecto para un equipo. "Perfecto, pero no el único", agregó. Luego, dejó ir un silencio y reveló que también él deseaba fundar un equipo en el que se iluminara la esencia de la condición humana. Y que, con Benedetti en el alma, le iba a poner Gracias por el fuego.

Texto publicado por Ariel Scher, editor y compañero de redacción, en Clarín.

lunes, mayo 18, 2009

En el nombre de Pedro


"Pibe, no crea, eh... Ya está todo inventado", decía con esa mueca mínima, que parecía una sonrisa buscando sana complicidad. Cada diálogo con él resultaba una revelación. Cuando hablaba, cuando miraba, el señor Pedro Uzquiza resucitaba a un Buenos Aires que ya no existía, que ya había perdido los preciosos códigos del bar y de la bohemia. No sólo eso hacía: mostraba caminos, abrazaba el culto a la amistad, se animaba a decir verdades incómodas, mostraba su costado más visceral y se enojaba ante las injusticias cotidianas. Era auténtico, férreo en algunas ocasiones, cristalino siempre. Guardaba su inmensa ternura para los que la merecían.
Fue periodista de Clarín, El Gráfico y La Razón, entre otros tantos medios; docente sin pizarrón en cuestiones de la vida; un defensor del buen gusto; un tipo implacable con los ventajeros; un hombre íntegro, sensible, generoso; un amigo que también ahora aparece en la mesa del bar de enfrente, como recuerdo entrañable...
Ediciones Al Arco, el único sello nacional de literatura deportiva, le acaba de ofrecer un tributo: su nueva colección de libros, que arranca con la reedición de De Puntín (once cuentos de autores diversos, con prólogo de Jorge Valdano y contratapa de Eduardo Galeano), se llamará Pedro Uzquiza. Una iniciativa impulsada por Marcos González Cezer y Julio Boccalatte, responsables de la editorial, y celebrada por todos aquellos que conocieron al inolvidable Pedro. Sucede que los tipos como él perduran más allá de los días que vivieron: en esas historias encantadoras que brotan como añoranzas, en muchas de sus buenas notas en el archivo o, ahora, en una colección de libros que llevará su nombre.

Texto publicado por el autor del Blog, en Clarín.

jueves, abril 23, 2009

El jazz, según Cortázar



The John Coltrane Quartet (John Coltrane, McCoy Tyner, Jimmy Garrison, Elvin Jones) en 1963, durante el programa de televisión Jazz Casual, interpretando Alabama.



Julio Cortázar y el jazz, en el programa "A fondo", de la TVE, en 1977.



"El perseguidor", el relato de Cortázar más vinculado con el jazz.

Contaba René Vargas Vera, en el diario La Nación, hace una década: "Pero el Cortázar músico, quizás el más minucioso -el jazzman-, está plasmado en 'El perseguidor', que es como una pequeña 'Rayuela', por las similitudes de sus personajes Johnny y Oliveira. 'El perseguidor', dedicado In memoriam de Ch. P. (Charlie Parker), retrata a un Johnny Carter (donde se reúnen nombre y apellido de dos saxos memorables: Johnny Hodges y Benny Carter), que hereda aficiones de Parker: alcohol, drogas, escándalos, amoríos... Johnny es un músico arbitrario y genial, que descoloca con gestos y desplantes de intuitivo a Bruno (es decir, Cortázar), un crítico racional que está escribiendo un libro sobre Johnny. 'Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar', piensa Bruno, quien, entre el perfil humano y el jazz, descubre que 'uno es una pobre porquería al lado de un tipo como Johnny Carter'. Bruno, que ha escrito un libro que es -lo reconoce Johnny- 'como lo que toca Satchmo, tan limpio, tan puro'".

miércoles, marzo 04, 2009

Imagina



Ya hacía bastante tiempo que había llegado la democracia. El pibe iba a un colegio católico de Belgrano. Para la clase de música, cada alumno llevaba algo de lo que prefería escuchar en su mundo privado. Y el pibe tuvo una suerte de osadía sin querer: llevó una grabación de The Beatles que incluía la canción Imagine. No entendió por qué, pero el profesor, siempre tan prolijo, tan metódico, tan religioso, no permitió que el pibe compartiera aquella canción de John Lennon.
Descubrió, días después, la matriz de la censura: lo llamaron a la sala de profesores. Los docentes de catequesis lo intimaron:
--No podés traer más esa música.
--Es John Lennon. Me gusta.
--Pero no podés escuchar Imagine...
--Pero me gusta.
--No la debés escuchar...
--¿Por qué?
--Es una canción subversiva.
El pibe volvió ese día a la casa en silencio. Se fijó en el más gordo de los diccionarios de la biblioteca familiar el término incómodo. Siguió sin entender a sus profesores. Después apretó play. Y se quedó a solas con Lennon.

Imagine
Imagina


Imagine there's no heaven
it's easy if you try
no hell bellow us
above us only sky.
Imagina que no hay un paraíso
es fácil si lo intentas
no hay infierno debajo nuestro
sobre nosotros, sólo el cielo.


Imagine all the people, living for today
imagine there's no countries
it is'nt hard to do
nothing to kill or die for
and no religion to.
Imagina a toda la gente, viviendo hoy
imagina que no hay países
no es duro de hacer
no hay nada por lo que matar o morir
y religiones tampoco.


Imagine all the people,living life in peace.
Imagina a toda la gente, viviendo la vida en paz.

You may say im a dreamer
but im not the only one
i hope someday you'll join us
and the world will be as one.
Debes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día nos acompañes
y que el mundo sea uno.


Imagine no possesions
i wonder if you can
no need for greednor hunger
a brother hood of men.
Imagina que no hay posesiones
me encantaría si pudieras
no necesitar la ambicion, ni las ansias
el hermano encapuchado de un hombre.


Imagine all the people, cheering all the world.
Imagina a toda la gente, compartiendo el mundo.

You may say im a dreamer
but im not the only one
i hope someday youll join us
and the world will live as one.
Debes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día nos acompañes
y que el mundo sea uno.

sábado, enero 31, 2009

Encantos de nuestro vecindario


Montevideo

Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.
Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente.
Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.
Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.
Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.
Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio.

Jorge Luis Borges


Montevideo a la vista

Ya el mar es patria, no destierro;
porque el espíritu de Ariel
diseña una ciudad y un cerro
con su luminoso pincel.

Enrique Diez-Canedo
(español)



Crónica de la ciudad de Montevideo

Julio césar Puppo, llamado El Hachero, y Alfredo Gravina, se encontraron al anochecer, en un café del barrio de Villa Dolores. Así, por casualidad, descubrieron que eran vecinos:
--Tan cerquita y sin saberlo.
Se ofrecieron una copa, y otra.
--Se te ve muy bien.
--No te vayas a creer.
Y pasaron unas pocas horas y unas muchas copas hablando del tiempo loco y de lo cara que está la vida, de los amigos perdidos y los lugares que ya no están, memorias de los años mozos:
--¿Te acordás?
--Si me acordaré.
Cuando por fin el café cerró sus puertas, Gravina acompañó al Hachero hasta la puerta de su casa. Pero después el Hachero quiso retribuir:
--Te acompaño.
--No te molestes.
--Faltaba más.
Y en ese vaivén se pasaron toda la noche. A veces se detenían, a causa de algún súbito recuerdo o porque la estabilidad dejaba bastante que desear, pero enseguida volvían al ir y venir de esquina a esquina, de la casa de uno a la casa del otro, de una a otra puerta, como traídos y llevados por un péndulo invisible, queriéndose sin decirlo y abranzándose sin tocarse.

Eduardo Galeano - El libro de los abrazos.


Montevideo

Montevideo, copa de plata,
llena de encantos y de primores.
Flor de ciudades, ciudad de flores,
de cielos mágicos y tierra grata.
Tus bravos héroes la Historia acatan.
Fervientes lirios dieron loores
a los centauros y a los pastores
cuyas proezas recuerda el Plata.

Y ese tesoro de ritmo y de gracia,
rosas del pueblo, o aristocracia
que en tus mujeres divinas veo
¡ son, con sus almas de poesía
de tu corona pedrería
maravillosa Montevideo !

Rubén Darío
(nicaragüense)


Post publicado desde Montevideo, Uruguay.

jueves, enero 29, 2009

Museo de un dolor


Al año de la Guerra de las Malvinas, el 3 de abril de 1983, el escritor y Premio Nobel Gabriel García Márquez publicó un conmovedor texto en el diario El Espectador, de Bogotá. Acá y ahora, en este Puerto Argentino al que todos llaman Stanley, sus palabras resultan una verdad afilada, tanto como entonces. De fondo, se escuchan dos aviones del Ejército Británico haciendo ejercicios de combate. Son un hachazo que surca el cielo de la guerra imposible. Hace un rato volvimos del Museo. La sensación abruma. Los ojos vieron los retazos de lo que no debió ser...

Abril de 1983. Por Gabriel García Márquez.
Un soldado argentino que regresaba de las Islas Malvinas al término de la guerra llamó a su madre por teléfono desde el Regimiento I de Palermo en Buenos Aires y le pidió autorización para llevar a casa a un compañero mutilado cuya familia vivía en otro lugar. Se trataba —según dijo— de un recluta de 19 años que había perdido una pierna y un brazo en la guerra, y que además estaba ciego. La madre, feliz del retorno de su hijo con vida, contestó horrorizada que no sería capaz de soportar la visión del mutilado, y se negó a aceptarlo en su casa. Entonces el hijo cortó la comunicación y se pegó un tiro: el supuesto compañero era él mismo, que se había valido de aquella patraña para averiguar cuál sería el estado de ánimo de su madre al verlo llegar despedazado.

Esta es apenas una más de la muchas historias terribles que durante estos últimos doce meses han circulado como rumores en la Argentina, que no han sido publicadas en la prensa porque la censura militar lo ha impedido, y que andan por el mundo entero en cartas privadas recibidas por los exiliados. Hace algún tiempo conocí en México una de esas cartas, y no había tenido corazón para reproducir algunas de sus informaciones terroríficas. Sin embargo, revistas inglesas y norteamericanas celebraron este dos de abril el primer aniversario de la aplastante victoria británica, y me parece injusto que en la misma ocasión no se oiga una voz indignada de la América Latina que muestre algunos de los aspectos inhumanos e irritantes del otro lado de la medalla: la derrota argentina. La historia del joven inválido que se suicidó ante la idea de ser repudiado por su madre, es apenas un episodio del drama oculto de aquella guerra absurda.


Ahora se sabe que numerosos reclutas de 19 años que fueron enviados contra su voluntad y sin entrenamiento a enfrentarse con los profesionales ingleses en las Malvinas, llevaban zapatos de tenis y muy escasa protección contra el frío, que en algunos momentos era de 30 grados bajo cero. A muchos tuvieron que arrancarles la piel gangrenada junto con los zapatos y 92 tuvieron que ser castrados por congelamiento de los testículos, después de que fueron obligados a permanecer sentados en las trincheras. Sólo en el sitio de Santa Lucía, 500 muchachos se quedaron ciegos por falta de anteojos protectores contra el deslumbramiento de la nieve.

Con motivo de la visita del Papa a la Argentina, los ingleses devolvieron mil prisioneros. Cincuenta de ellos tuvieron que ser operados de las desgarraduras anales que les causaron las violaciones de los ingleses que los capturaron en la localidad de Darwin. La totalidad debió ser internada en hospitales especiales de rehabilitación, para que sus padres no se enteraran del estado en que llegaron: su peso promedio era de 40 ó 50 kilos, muchos padecían de anemia, otros tenían brazos y piernas cuyo único remedio era la amputación, y un grupo se quedó interno con trastornos psíquicos graves.



“Los chicos eran drogados por los oficiales antes de mandarlos al combate”, dice una de las cartas de un testigo. “Los drogaban primero a través del chocolate, y luego con inyecciones, para que no sintieran hambre y se mantuvieran lo más despiertos posible”. Con todo, el frío a que fueron sometidos era tan intenso que muchos murieron dormidos. Tal vez fueron los más afortunados porque otros murieron de hambre tratando de extraer la pasta de carne que se petrificaba dentro de las latas. En este sentido, mucho es lo que se sabe sobre la barbarie de la logística alimenticia que los militares argentinos practicaron en las Malvinas. Las prioridades estaban invertidas: los soldados de primera línea apenas si alcanzaban a recibir unas sardinas cristalizadas por el hielo, los de la línea media recibían una ración mejor, y en cambio los de la retaguardia tenían a veces la posibilidad de comer caliente.


Frente a condiciones tan deplorables e inhumanas, el enemigo inglés disponía de toda clase de recursos modernos para la guerra en el círculo polar. Mientras las armas de los argentinos se estropeaban por el frío, los ingleses llevaban un fusil tan sofisticado que podía alcanzar un blanco móvil a 200 metros de distancia, y disponían de una mira infrarroja de la más alta precisión. Tenían además trajes térmicos y algunos usaban chalecos antibalas que debieron ocasionarles trastornos mentales a los pobres reclutas argentinos, pues los veían caer fulminados por el impacto de una ráfaga de metralla, y poco después los veían levantarse sanos y salvos y listos para proseguir el combate. Las tropas inglesas estaban una semana en el frente y luego una semana a bordo del “Canberra”, donde se les concedía un descanso verdadero con toda clase de diversiones urbanas en uno de los parajes más remotos y desolados de la Tierra.

Sin embargo, en medio de tanto despliegue técnico, el recuerdo más terrible que conservan los sobrevivientes argentinos es el salvajismo del batallón de “gurkhas”, los legendarios y feroces decapitadores nepaleses que precedieron las tropas inglesas en la batalla de Puerto Argentino. “Avanzaban gritando y degollando”, ha escrito un testigo de aquella carnicería despiadada. “La velocidad con que decapitaban a nuestros pobres chicos con sus cimitarras de asesinos era de uno cada siete segundos. Por una rara costumbre, la cabeza cortada la sostenían por los pelos y le cortaban las orejas”. Los “gurkhas” afrontaban al enemigo con una determinación tan ciega que de 700 que desembarcaron sólo sobrevivieron setenta. “Estas bestias estaban tan cebadas que una vez terminada la batalla de Puerto Argentino, siguieron matando a los propios ingleses hasta que éstos tuvieron que esposar a los últimos para someterlos”.


Hace un año, como la inmensa mayoría de los latinoamericanos, expresé mi solidaridad con Argentina en sus propósitos de recuperación de las Islas Malvinas, pero fui muy explícito en el sentido de que esa solidaridad no podía entenderse como un olvido de la barbarie de sus gobernantes. Muchos argentinos e inclusive algunos amigos personales, no entendieron bien esta distinción. Confío, sin embargo, en que el recuerdo de los hechos inconcebibles de aquella guerra chapucera nos ayude a entendernos mejor. Por eso me ha parecido que no era superfluo evocarlos en este aniversario sin gloria. Como nunca me parecerá superfluo preguntar otra vez y mil veces más —junto a las madres de la Plaza de Mayo— dónde están los ocho mil, los diez mil, los quince mil desaparecidos de la década anterior.

Post publicado desde Puerto Argentino, islas Malvinas.

Las fotos fueron sacadas por el autor del blog en el Museo de la Guerra de las Malvinas.

jueves, enero 22, 2009

Sobre la fidelidad


Leyendo Notas de Prensa I, de Gabriel García Márquez, me encontré in situ con su admiración por Pablo Neruda, de quien alguna vez dijo: "Es el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma". Harold Bloom, el implacable crítico, lo calificó al poeta chileno con una frase que no reconoce dobles lecturas: "Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él". Premio Nobel de Literatura en 1971, hombre de izquierda, diplomático, amigo generoso según quienes lo tuvieron cerca, admirado sin saberlo en detalle... Cuando lo galardonó la Academia Sueca, recuerda en sus memorias: “El anciano monarca nos daba la mano a cada uno; nos entregaba el diploma, la medalla y el cheque (...) Se dice ( o se lo dijeron a Matilde para impresionarla) que el rey estuvo más tiempo conmigo que con los otros laureados, que me apretó la mano con evidente simpatía. Tal vez haya sido una reminiscencia de la antigua gentileza palaciega hacia los juglares”. Hijo de José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario, y Rosa Neftalí Basoalto Opazo, maestra de escuela fallecida debido a una tuberculosis cuando Neruda tenía un mes de edad, el escritor vivió una vida despojada de ostentaciones. Su fuerza, su impulso, sus búsquedas estaban en las palabras; en esas palabras que sabía ubicar mejor que casi nadie.
Estoy en Chile, ahora. Al sur, en la Región Magallánica. Y aquí, en Seno Otwey, un montón de pingüinos conviven en paz. Con una particularidad que los hace mejores: no se conoce ningún pingüino magallánico que haya engañado a su pareja. Se reconocen por las huellas de cada sonido único, personal, irrepetible. Caminan, con ese andar tan manso; sólo alterado por la incomodante presencia humana. Parecen preguntarse el motivo de las invasiones. Miran, nunca del todo acostumbrados. No saben, sospechamos, que algùn día entre sus tantas inspiraciones Neruda les escribió un delicioso poema. Un homenaje para ellos que desde el borde de ese océano en el que conviven en paz nos explican de qué se trata la fidelidad.

Pingüino
(Spheniscus Magellanicus)

Ni bobo ni niño ni negro
ni blanco sino vertical
y una inocencia interrogante
vestida de noche y de nieve.

Ríe la madre al marinero,
el pescador al astronauta,
pero no ríe el niño niño
cuando mira al pájaro niño
y del océano en desorden
inmaculado pasajero
emerge de luto nevado.

Fui yo sin duda el niño pájaro
allá en los fríos archipiélagos:
cuando él me miró con sus ojos,
con los viejos ojos del mar:
no eran brazos y no eran alas,
eran pequeños remos duros
los que llevaba en sus costados:
tenía la edad de la sal,
la edad del agua en movimiento
y me miró desde su edad:
desde entonces sé que no existo,
que soy un gusano en la arena.

Las razones de mi respeto
se mantuvieron en la arena:
aquel pájaro religioso
no necesitaba volar,
no necesitaba cantar
y aunque su forma era visible
sangraba sal su alma salvaje
como si hubieran cercenado
una vena del mar amargo.

Pingüino, estático viajero,
sacerdote lento del frío:
saludo tu sal vertical
y envidio tu orgullo emplumado.


Post publicado desde Punta Arenas, Chile.

miércoles, enero 07, 2009

¿Por qué?


Lo que sigue lo escribió Osvaldo Bayer, en la contratapa de Página 12 del sábado. Se titula "Los ojos de los niños" y es la cara agria de una verdad sin disimulo posible: otra guerra, distintos rostros, más muertes, los mismos horrores. Como una pregunta de niño, tan simple, tan lacerante. Como Gulliver, como Swift, el texto sugiere interrogantes que inquietan.

Desde Bonn, Alemania.
Mientras en una parte del mundo se celebraban las fiestas, en otros lugares se mataban seres humanos. Así se despidió el año 2008, así llegó el 2009. Civilización, o no, y barbarie. Pan dulce y bombas. El cinismo no conoce fronteras. Se mata y ya está. Por seguridad. Por los derechos de unos sobre otros. Recibimos el Año Nuevo con cuatrocientos muertos debajo del colchón, cien de ellos niños. Y cerca de dos mil heridos. La Franja de Gaza. Pueblos que ya tendrían que ser sabios por sus experiencias trágicas encuentran coincidencia sólo en la muerte. Esa muerte para la que el ser humano trata de encontrar una definición, una explicación, es usada como emblema de lo que llamamos civilización. Ahora es ya mucho más fácil. Se mata al enemigo desde aviones y, mejor todavía, a él y a toda su familia. A su mujer y a sus ocho hijos. O con cohetes, desde el escondite. Esos jóvenes que arrojan bombas desde aviones o desde escondites no se dan cuenta de que matan, de que exterminan la vida de otro ser, por lo general inocente. Pero arrojan bombas por “patriotismo”. Los discursos de los políticos intervinientes nos dicen claramente de su omnipotencia. ¿Tienen acaso el poder delegado de matar, de hacer matar? ¿Se los vota para eso? ¿Y qué pasa con Naciones Unidas, para qué está? Ni siquiera esa organización mundial es capaz de detener una guerra. Ese tendría que ser su principal motivo de existencia. Y no una masa burocrática de encuentros superficiales y desencuentros que ocasionan la muerte.
La muerte de niños. Lo lanzaron al aire y al papel, los medios: el bombardeo israelí logró la muerte de uno de los dirigentes principales de Hamas y también de su mujer y sus ocho hijos. Buena puntería. ¿Pero cómo, es que vivimos en el tiempo de los dinosaurios? No, vivimos el siglo de la mente humana. Por eso el papa Ratzinger en su mensaje de Navidad nos ha enseñado a rezar, rezar, rezar. ¿Rezar a quién? ¿A un Dios que permite en la “Tierra Santa”, donde nació su hijo de una virgen, que se cometan crímenes tan atroces, como que se peleen pueblos desde hace siglos por razones religiosas, que en el fondo no son otra cosa que razones de poder y de dominio? Alá, Jehová y Cristo. Tierra Santa que mata a sus niños.
¿Con qué habrán soñado esos niños la última noche en que vivieron? ¿Con juguetes, con hadas, con ángeles que les arrojaban espejitos de colores desde el cielo? Es lo mismo, porque nosotros les arrojamos bombas y los destrozamos. Habría que rescatar los ojos de esos niños en el momento en que estallaron las bombas.
Sí, está bien, los hombres de Hamas lanzan cohetes a Israel. ¿Y por eso hay que bombardear ciudades abiertas allí donde viven madres que crían a sus hijos? Ciudades que ni siquiera tienen refugios antiaéreos. Eso es fácil. Pero criminal de la peor cobardía, a su vez.
Tiene razón Israel en combatir el terrorismo, pero no con métodos cien veces más traidores que el cohete individual. Igual, tal vez, en su perversión, pero increíblemente menor que hacerlo desde aviones, en uniforme oficial y por orden de los responsables. No, además, esos actos de mostrar poder traen las consecuencias más nefastas, originan los odios de siglos, los deseos de venganza infinitos, que quedan en la historia de los pueblos. La única búsqueda de solución es recurrir a Naciones Unidas para que envíe una organización preparada en esta clase de conflictos, que encuentre la paz y no la venganza. No se arreglan los problemas con la muerte. Y más para un pueblo con la experiencia del judío, un pueblo que, con su conocimiento histórico de persecuciones, tiene que haber aprendido para siempre hacia dónde lleva el odio. Porque los crímenes del Holocausto han quedado para siempre en la conciencia del pueblo alemán y tendrían que quedar también para siempre en el pueblo que fue víctima. Porque no hay ninguna diferencia para un niño entre morir en una cámara de gas y ser destrozado por una bomba arrojada desde aviones oficiales.
Sí, el pueblo alemán aprendió para siempre lo que es cometer un crimen de lesa humanidad. Pero seamos sinceros: aprendió pero no tanto. Hay otra forma de hacerse cómplice de otros crímenes. Por ejemplo esto: la fabricación y venta de armas. Leamos las cifras oficiales. La exportación de armas alemanas del año 2007 alcanzó a 8,7 mil millones de euros. Es decir que exportó un 13 por ciento más que el año anterior. Con esto, Alemania ocupa el tercer lugar en el mundo de exportadores de armas, con el 10 por ciento, mientras Estados Unidos ocupa el primer lugar, con el 31 por ciento, y Rusia, el segundo, con el 25 por ciento. Pero aquí no acaba la cosa. Alemania exporta armas a China, India, a los Emiratos Unidos de Arabia, a Grecia, a Corea del Sur y a un sinfín de otros países. Sí, a los Emiratos Unidos de Arabia. Pero, y aquí está el nudo de la cuestión: también a Israel, Afganistán, India, Nigeria, Pakistán y Tailandia. Muy buen negocio. Ahí no se hacen discriminaciones, el que paga bien, a ése se le vende. Es sabido que los europeos –en este caso Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia– atraen a sus clientes deseosos de armas con financiaciones “atractivas” y la promesa de transmitirles tecnología nueva.
Entonces aquí hay que decir la otra verdad. No alcanza con que los alemanes se hayan hecho una severa autocrítica sobre los crímenes del nazismo sino que la verdadera autocrítica tendría que ser nunca más a las armas, nunca más hacer negocios con la Muerte y menos con países que tienen problemas con países lindantes ni tampoco aquellos que tienen problemas internos. No se es honesto si por un lado criticamos las guerras y las represiones y por el otro vendemos armas a países donde tienen lugar esos crímenes contra la Vida.
Hace pocos días se hizo en los medios alemanes un desusado elogio al ex primer ministro Helmut Schmidt, que cumplió noventa años de edad. Justamente, el político que apoyó la venta de armas a la dictadura argentina del desaparecedor Jorge Rafael Videla. Y se defendió en el Congreso alemán diciendo que lo hacía para “asegurar la fuente de trabajo de los obreros alemanes”, un argumento fuera de toda base ética. Porque si es por eso, que el gobierno alemán disponga de una suma para darles trabajo a esos obreros y que éstos se dediquen a fabricar juguetes para los niños.
Más todavía, el gobierno alemán asegura con fianzas oficiales la financiación de los proyectos de venta de armas, para lo cual se utiliza dinero del pueblo cobrado mediante los impuestos. Hace poco quedó en claro un escándalo producido por la constatación de que las fuerzas de seguridad de Georgia poseían modernas armas alemanas, a pesar de que el gobierno alemán había rechazado el pedido de ese país de venderle armas, ya que Georgia se encontraba en estado de guerra con Rusia. Es decir que podemos constatar que, en el caso de hacer negocios, se pisotean los principios básicos de lo que tiene que ser la ética en las relaciones humanas.
Las armas, las guerras entre los seres humanos divididos por estúpidas fronteras, tienen que pasar a ser un tema fijo en la vida de todos los pueblos del mundo. No a las armas, sí a la vida.
Han muerto cien niños en el bombardeo israelí de Gaza. Ya esa cifra podría servir de leitmotiv contra todos los bombardeos de ciudades abiertas. Nunca más la muerte de niños como acción de guerra. Salir a la calle en la protesta. Denunciar a los políticos que dieron la orden y a los generales y soldados que la cumplieron.
Sería al primer peldaño hacia aquel Paraíso en la Tierra con que soñaba Kant: la paz eterna.


Post publicado desde Mar de las Pampas.