domingo, mayo 18, 2008

Un espacio de pertenencia

Ser hincha de Huracán es como señalo en el Blog Quemero: "No se trata de la seducción de algún éxito pasajero; tampoco de una imposición de la implacable parafernalia mediática. Ser quemero es una cuestión de pertenencia. Una preciosa herencia inmodificable." Por eso hoy, ante la inminencia del clásico contra San Lorenzo, escribí lo que sigue. También pensando en mi viejo, Eladio, que si estuviera, se habría ubicado bajo el cielo de este domingo en la bandeja del medio, sobre la calle Gavilán, en el Diego Maradona.


Hoy.
Hoy estaremos todos.
Hoy creo que todo es posible.
Hoy vas a estar vos y mi viejo, que ya no está.
Hoy quiero arrancarme el corazón y tirarlo a la cancha, a modo de tributo.
Hoy vamos a ser un montón, seguro.
Hoy estaremos los que sabemos de dolor futbolero, los que sufrimos jugar en Quequén y en Villa Krause.
Hoy gritaremos sin pausa aquellos que lloramos en la cancha de Vélez, contra Italiano.
Hoy dejaremos la garganta por una reivindicación deportiva, por un triunfo memorable.
Hoy llevaremos los talismanes de los días felices y recientes: los que facilitaron el gol del Turco, en la cancha de Los Andes; los que se abrazaron a la noche y con Di Carlo, en el Ducó, contra Quilmes; los que fueron a Mendoza, para ganarle a Godoy Cruz...
Hoy creeremos que el espíritu de anteriores victorias también estará: el inmenso uruguayo Pedro Barrios, el Guapo Flores, Iván Gabrich, la Bruja Berti, Emanuel Villa..
Sí, sí, hoy tenemos que estar todos. Hoy, como cuando los dejamos sin bicampeonato y en silencio, en el Nuevo Gasómetro, en el tan cercano noviembre.
Hoy, hoy más que nunca, tengo la fe de los que ya no están, pero aparecen como duendes indelebles. Los de la década del 20; los de Masantonio y de Baldonedo; de Mellone y de Ricagni; del Inglés y de Miguelito; del Loco Houseman... Y de todos los que vinieron después...
Hoy, justo hoy, quiero aferrarme a la posibilidad de una fiesta, de un domingo para la historia.
Hoy, dejame que sea hoy, quiero que San Lorenzo se quede de rodillas...