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domingo, agosto 09, 2020

Sobre Macedonia do Mangao

Oscar Niemeyer, brasileño, poeta de la arquitectura. 


Lo que ella no sabe
(dedicado a Macedonia do Mangao)

A ella la habitan mundos
diversos, dispersos, bellezas

Pertinaz, buscó amores
y encontró padecimientos

Pero siempre está de pie,
ahí, entera, maga de sí misma

Jugó en cornisas lejanas,
invariablemente salió ilesa

Es quejosa, brava, intensa
Es frágil, inabarcable, absurda

Sin saber, al dormir, ofrece homenaje
Niemeyer aprende que la creó


///



Los nacimientos de Macedonia do Mangao



Ella fue la hija de un sueño a los tropiezos.
Pero no de un sueño onírico que se esfuma.

Era un sueño de cansancio y de reconstrucción
tras otro día del hastío de obedecer y de callar.

Noche previsible de los que nada tienen.
Oscuridades de la oscura esclavitud.

Macedonia resultó una recién llegada
que tenía varios siglos vividos y dolidos.

Había sido poeta a escondidas, a solas,
antes de nacer en un rincón del Nordeste de Brasil.

Esas palabras le permitían escapar de su condena,
del destino obligado para los hijos de Cabo Verde.

Su mamá, hechicera y viajada por orden ajena,
le habilitó el pasaporte de Yemanyá; nada menos.

Ella lo guardó para siempre entre los ecos
de su tierra y de su mar y de su cielo y de su gente.

Su papá, amigo de los misterios que esconden esos mitos,
hizo lo prohibido: gritó un desahogo de esperanza al verla.

En el primer amanecer de Macedonia la magia sucedió.
Sus padres se abrazaron. El tiempo no fue urgencia esta vez.

Y ese abrazo sigue latiendo en el cuerpo, en el alma
y en las musicales voces de los tres. Aunque ya no estén.

En Sergipe, en Piauí y en Ceará los escuchan.
Y bailan esos ritmos mansos. Desde hace siglos.

Allí, todos cuentan y todos saben desde siempre:
algún día, alguna noche, Macedonia volverá a nacer.

By W.

martes, septiembre 22, 2015

Niño, nuestro

(Para Loli)

Niño de amor que había sido
De amor nuevo, de repente

Niño que viviste sin nacer
Sin mirar, sin decir, sin rozar

Niño que ya no estás
Y que fuiste sin saber

Niño que serás recuerdo
De una historia de abrazos

Niño sin nombre, sin después
Que serás siempre vida

Niño que sos pretendida poesía
Para que tu ausencia no hiera