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miércoles, octubre 29, 2025

Los 90: Todo mientras Diego...


"Todo mientras Diego" se titula un encantador libro de cuentos narrado por el periodista, escritor y crack de la palabra y de su estilo, Ariel Scher. El relato que ofrece el título a la obra nos lleva unos años antes del inicio de la década de los noventa. Al lugar más irrenunciable que tiene el fútbol -y no sólo el argentino- bajo el cielo de la polifacética e inabarcable Ciudad de México. Sí, ese día. "El 22 de junio de 1986, mientras casi el universo se quedaba quieto detrás de una sola imagen y de un solo hombre, el Gordo no sabía que estaba a punto de encontrar una pasión", retrata Ariel sobre El Partido. Sí, ese encuentro de magias sin caducidad, el de La Mano de D10s y el del Gol del Siglo (hasta homologado por la FIFA, que tan poco quería a Maradona, implacable estigma de los negocios y negociados de la mayor multinacional de la historia del deporte).
 
Los noventa comenzaron con otro Diego, el de las resurrecciones, el de los tropiezos, el de los vértigos y los vaivenes, casi como espejo del fútbol argentino de esa década. Las lágrimas finales, tras la épica del recorrido en Italia 1990, quedaron como un recuerdo; también como un anticipo...

La primera temporada (90/91) de este ciclo ya marcó un rasgo que se haría frecuente: los agujeros reglamentarios, por torpezas semánticas o por ventajas ocultas y ocultadas. Empezó la Era de los Torneos Cortos. No más dos ruedas. Ahora, Apertura y Clausura. Y en la edición inaugural del nuevo formato pasó lo siguiente: Newell's dirigido por un debutante Marcelo Bielsa, ganó el Apertura para sorpresa de casi todos. Boca, que no era campeón desde el Metropolitano de 1981, con Diego en andas por la Bombonera al final de la campaña, fue el vencedor del Clausura. Sin embargo, ninguno de los dos fue ni es considerado campeón. Los dos "ganadores" (tal como lo indicaba el reglamento) tuvieron que definir en una final de ida y vuelta. Tras un 1-0 para cada local, Newell's se impuso por penales en La Bombonera.

Esa definición sucedía en simultáneo con otro hecho histórico: en Chile, la renovada Selección de Alfio Basile ganaba la Copa América por primera vez desde 1959. Sí, 32 años de espera para el máximo vencedor de la más antigua de las competiciones confederacionales. Batistuta y Caniggia fueron las caras más visibles de la consagración. No estuvo Diego con ellos. Luego de ganar el Scudetto en la campaña 89/90 y de obtener la Supercopa Italiana en 1990, con un colosal 5-1 a la Juventus, Italia ya no lo veía como el que había cambiado el mapa de su fútbol para siempre. No, ya lo miraban de reojo; ya le había ocasionado muchas lesiones a la autoestima del Norte, rico en el fútbol y en la vida de todos los días. Ya molestaba. Lo que antes le perdonaban ahora se lo facturaban. El 17 de marzo de 1991, tras el triunfo 1-0 ante Bari el control antidóping contó que -sin sorpresa para nadie- había cocaína en la muestra del mago de Fiorito. La FIFA lo condenó a 15 meses de suspensión. No más Napoli para Diego. ¿No más Diego para el fútbol? Imposible.

El detalle reglamentario de la AFA se corrigió para la temporada 91/92. River fue el primer campeón en el Apertura. Un adelanto de que lo vendría: el dominador de la década, con siete títulos. El Clausura fue para el Newell's de Bielsa. Que estuvo a casi nada de lograr un hecho inédito: ganar el torneo local y la Libertadores en simultáneo. Perdió la final por penales contra San Pablo en el Morumbí.

La temporada 92/93 ofreció dos hitos entre los campeones: en el Apertura, el Boca de Tabarez obtuvo el primer título después de Diego; en el Clausura, el naciente Vélez de Bianchi -el otro gran protagonista de la década- obtuvo el segundo título de su historia, tras el Nacional de 1968.

En ese 1993, ya con Maradona libre de sanción, la Selección -que venía de ganar en 1992, la Copa de Confederaciones, entonces conocida como King Fahd Cup- obtuvo su último título como local. Fue en la Copa de Campeones UEFA-CONMEBOL (hoy Finalissima) ante Dinamarca, en Mar del Plata. Fue el regreso oficial de Diego. En un Minella colmado de fiesta, Argentina venció por penales, tras igualar 1-1. Goycochea volvió a ser héroe y el Diego capitán levantó su último trofeo.
Luego, Maradona no participó de la conquista del bicampeonato de América, en Ecuador. Sin embargo, en las Eliminatorias, el estrepitoso 0-5 en el Monumental ante Colombia, obligó a que el clamor popular se transformara en una nueva convocatoria para Diego. Había que rescatar a la Selección en el pantano del Repechaje frente a Australia. Con angustia, con un Maradona corajudo y decisivo, el equipo nacional se clasificó a la Copa del Mundo de Estados Unidos con un global de 2-1.

La temporada 93/94, volvió a mostrar campeón al River de Ramón Díaz y al Independiente de Brindisi. Fueron dos torneos muy parejos: El Millonario dejó atrás a Vélez y a San Lorenzo por un punto; y El Rojo le arrebató el título al puntero Huracán en la última fecha, con un memorable 4-0 en Avellaneda. También en 1993, Gimnasia La Plata ganó la Copa Centenario, el segundo título de su historia, tras la Liga de 1929.

El Clausura fue interrumpido por el Mundial del 94 (las últimas cuatro fechas se disputaron tras la consagración de Brasil ante Italia). Basile había encontrado un equipo audaz, ofensivo, impactante por momentos. Con un Diego que se había preparado para su perfecta puesta en escena, su deseado last dance. Goleada a Grecia, triunfo ante Nigeria y un dolor que sigue latiendo.

Los hechos: en el control de la orina de Maradona la FIFA encontró dos sustancias químicas que no estaban permitidas: efedrina y seudoefedrina. En simultáneo, sucedía una contradicción en el ámbito del deporte de elite: esas sustancias sí se podían utilizar en las grandes ligas de los Estados Unidos, como la NBA. Otro detalle hacía ruido y hace ruido en la memoria: un par de días antes del debut se le habían realizado al plantel unos análisis integrales, en Harvard. Todo estaba en orden.

De algún modo, este caso revela que el fútbol se juega dentro de la cancha pero también fuera. El fútbol es política. Los reglamentos se cambian según conveniencias. La AFA y la FIFA necesitaron a Maradona antes del Mundial y para el Repechaje contra Australia convirtieron la habitual ilegalidad (la ausencia del control antidoping; con el "café veloz" autorizado) en un hecho legal. Después fueron inflexibles, como en Italia. O peor: hubo doping, es cierto, pero en la contraprueba sucedió un error de procedimiento y entonces la FIFA, que podría haber 'salvado' a Maradona -y según una interpretación del reglamento, debía haberlo hecho-, volvió a ser implacable con el artista criado en el barro. Exhibió, otra vez, su lógica de la doble vara: en el Mundial 86, al español Ramón María Calderé también le detectaron efedrina. ¿La suspensión? Una fecha. A Diego, directamente, como él dijo, le cortaron las piernas.

Justo después del Mundial, en agosto, Vélez se abrazaría a su momento más exitoso. Ganó la Copa Libertadores, y desbancó al bicampeón São Paulo en una sufrida final resuelta por penales en el Morumbí, con José Luis Chilavert como figura y con Roberto Pompei como autor del penal decisivo. Los ecos de la celebración se propagaron desde Brasil a Liniers sin escalas. Y siguió rumbo a Tokio, donde ya más cerca del cierre del año, Vélez se impuso al Milan y obtuvo la Copa Intercontinental UEFA-CONMEBOL.

La temporada 94/95 tuvo una "normalidad" (el título de River en el Apertura) y otro hito: en el Clausura, San Lorenzo salió campeón luego de 21 años. Se consagró en Rosario, con una convocatoria extraordinaria, y dejó atrás a un valioso protagonista de esa época, una suerte de campeón sin vueltas, el Gimnasia de Timoteo Griguol.

Las tres temporadas siguientes fueron un paseo de los dos actores principales de los 90: River y Vélez. En la 95/96, fueron bicampeones los de Liniers; en la 96/97 el bi fue para los de Núñez. Y en la 97/98 se repartieron el Apertura para Ramón y los suyos y el Clausura para los soldados del Virrey. En simultáneo, también fueron exitosos en el ámbito internacional: River obtuvo la Libertadores del 96 y la Supercopa del 97; mientras que Vélez alzó la Interamericana y la Supercopa en el 96 y la Recopa en el 97. Independiente, ganador de la Supercopa 94 y de la Recopa 95, fue el otro club exitoso de la Argentina a nivel sudamericano en esos días.

Mientras tanto, el Diego supendido era condecorado en Oxford como Maestro Inspirador de las Artes, procuró darle impulso al Sindicato de Futbolistas y volvió dos veces a Boca. En la primera peleó el campeonato que luego se llevaría Vélez. Y en 1997, ya demasiado golpeado por los demonios que lo tenían preso fuera de la cancha, decidió decir retirarse en el vestuario visitante del Monumental en un Superclásico ante River. Fue el 25 de octubre, cinco días antes de su cumpleaños 37. Lo reemplazó Riquelme. Empezaba otra era...

Tras la participación de Argentina en el primer Mundial posterior a la Era Maradona (el equipo de Passarella quedó eliminado en los cuartos de final ante Países Bajos), en la temporada 98/99, ya con Bianchi y Román en Boca, el mapa del fútbol argentino se modificó: Los de la Ribera ganaron -con apenas una derrota en las dos campañas- el Apertura y el Clausura y se lanzaron al ámbito internacional. En 2000 obtuvieron la Libertadores y la Intercontinental frente al Real Madrid.

River intentó contrarrestar ese protagonismo de su archirrival con los dos torneos locales de la campaña 99/00. Sin embargo, el último Apertura de la década, el del segundo semestre de 2000 quedó para ese Boca inolvidable, con los colombianos, con los goles de Palermo, con Román, con la mística. Y en su palco de la Bombonera o desde el balcón de Segurola y Habana, Diego lucía feliz con su Boca campeón.

lunes, mayo 06, 2024

El fútbol, el club, el hecho cultural, el rol social

César Menotti, el barrio, la esquina, el club, la identidad, el hecho cultural, el sentido de pertenencia, el rol social, la argentinidad.

Lo dijo El Flaco, El César, el nuestro, el de La Nuestra:

"𝑈𝑛 𝑐𝑙𝑢𝑏 𝑑𝑒 𝑓𝑢́𝑡𝑏𝑜𝑙 𝑒𝑠 𝑢𝑛 ℎ𝑒𝑐ℎ𝑜 𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑛 𝐴𝑟𝑔𝑒𝑛𝑡𝑖𝑛𝑎 𝑠𝑒 𝑓𝑎𝑏𝑟𝑖𝑐𝑜́ 𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑣𝑒́𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑒𝑠𝑞𝑢𝑖𝑛𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜𝑠, 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑣𝑖𝑛𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑔𝑟𝑎𝑛𝑑𝑒𝑠 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑐𝑜𝑛𝑜́𝑚𝑖𝑐𝑜𝑠 𝑦 𝑑𝑖𝑗𝑒𝑟𝑜𝑛: '𝑉𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑎 𝑐𝑟𝑒𝑎𝑟 𝑐𝑙𝑢𝑏𝑒𝑠'. 𝐸𝑙 𝑐𝑙𝑢𝑏 𝑙𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑎 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑖𝑜, 𝑒𝑙 𝑣𝑒𝑐𝑖𝑛𝑜 𝑦 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑢𝑒𝑣𝑎𝑠 𝑔𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑖𝑔𝑢𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑓𝑒𝑛𝑑𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜.

"𝐶𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑦𝑜 𝑣𝑒𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒𝑛 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑠𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎𝑟 𝑎𝑙 𝑓𝑢́𝑡𝑏𝑜𝑙 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑛𝑒𝑔𝑜𝑐𝑖𝑜𝑠 𝑚𝑒 𝑑𝑎 𝑡𝑟𝑖𝑠𝑡𝑒𝑧𝑎 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑓𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑎 𝑔𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑜𝑠𝑡𝑢𝑣𝑜 𝑒𝑠𝑎 𝑝𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑒𝑙𝑜𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑖𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑒𝑛 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑒𝑠𝑞𝑢𝑖𝑛𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐴𝑟𝑔𝑒𝑛𝑡𝑖𝑛𝑎. 𝐸𝑙 𝑓𝑢́𝑡𝑏𝑜𝑙 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑒𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑙𝑢𝑐ℎ𝑎 𝑐𝑟𝑢𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑐𝑜𝑛𝑜́𝑚𝑖𝑐𝑜𝑠, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑑𝑒𝑝𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑜𝑠. 𝑁𝑜 𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑛𝑖𝑛𝑔𝑢𝑛𝑎 𝑓𝑎́𝑏𝑟𝑖𝑐𝑎.

"𝐶𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑣𝑒𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑙𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑝𝑜𝑟 𝑝𝑟𝑖𝑣𝑎𝑡𝑖𝑧𝑎𝑟, 𝑚𝑒 𝑝𝑜𝑛𝑔𝑜 𝑚𝑢𝑦 𝑚𝑎𝑙. ¿𝑃𝑟𝑖𝑣𝑎𝑡𝑖𝑧𝑎𝑟 𝑞𝑢𝑒́? 𝑀𝑒 𝑑𝑢𝑒𝑙𝑒 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜. 𝑌𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑢𝑛 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑖𝑧𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑠𝑢𝑓𝑟𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑎 𝐴𝑟𝑔𝑒𝑛𝑡𝑖𝑛𝑎. 𝐸𝑙 𝑓𝑢́𝑡𝑏𝑜𝑙 𝑒𝑠 𝑒𝑠𝑜, 𝑢𝑛 ℎ𝑒𝑐ℎ𝑜 𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙. 𝑁𝑜 𝑒𝑠 𝑠ó𝑙𝑜 𝑙𝑎 𝑃𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝐷𝑖𝑣𝑖𝑠𝑖𝑜́𝑛, 𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 𝑝𝑎𝑖́𝑠".

domingo, mayo 05, 2024

César se fue

 

El Tricampeón Mundial se fue. Como DT de mayores y de juveniles, como Director General...

El creador del Equipo de los Sueños, el del 73, que nos enseñó La Nuestra.

El orfebre de la Primera Estrella, en el 78.

El que le dio Selección al Diego, nuestro inspirador por excelencia.

El que le dio alas a René, crack universal y vecino de Pancho.

El que nos mostró un camino.

El que el mundo ya empieza a añorar.

El de las palabras justas y exactas.

El que se animó a pedir y a preguntar por los desaparecidos.

El maestro sin pizarrón.

El Flaco, El César, Menotti se fue.

Se fue.

Queda su Escuela.

Queda su impronta.

Queda su leyenda.

///

Totó, caminando por el Palacio, ya aprendió que ahora está sonriente con su abuelo y su abuela, con Diego, con René, con nuestra gata Rana que también anda por ahí, en el Cielo de los Buenos y de las Buenas.