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domingo, noviembre 05, 2023
Montevideo, según Borges
Por Jorge Luis Borges
Montevideo
Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.
Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente
Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.
Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.
Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.
Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio.
Imágenes: Waldemar Iglesias
domingo, abril 02, 2023
Indígenas, según Santos Chocano
Por José Santos Chocano**
Notas del Alma Indígena
¡Quién sabe!
Indio que asomas a la puerta
de esta tu rústica mansión: .
para mi sed no tienes agua?
¿para mi frío, cobertor?
¿parco maíz para mi hambre?
¿para mi sueño, mal rincón?
¿breve quietud para mi andanza?...
-¡Quién sabe, señor!
Indio que labras con fatiga
tierras que de otros dueños son:
¿ignoras tú que deben tuyas
ser, por tu sangre y tu sudor?
¿ignoras tú que audaz codicia,
siglos atrás, te las quitó?
¿ignoras tú que eres el Amo?...
-¡Quién sabe, señor!
Indio de frente taciturna
y de pupilas sin fulgor:
¿qué pensamiento es el que escondes
en tu enigmática expresión?
¿qué es lo que buscas en tu vida?
¿qué es lo que imploras a tu Dios?
¿qué es lo que sueña tu silencio?
-¡Quién sabe, señor!
¡Oh raza antigua y misteriosa
de impenetrable corazón,
que sin gozar ves la alegría
y sin sufrir ves el dolor:
eres augusta como el Ande,
el grande Océano y el Sol.
Ese tu gesto que parece
como de vil resignación,
es de una sabia indiferencia
y de un orgullo sin rencor..
Corre en mis venas sangre tuya,
y, por tal sangre, si mi Dios
me interrogase qué prefiero
- cruz o laurel, espina o flor,
beso que apague mis suspiros
o hiel que colme mi canción
responderíale dudando:
-¡Quién sabe, señor!
*Nació en Lima en 1875. Fue un gran defensor del americanismo, revolucionario ardiente, protector de los indios y opositor del imperialismo estadounidense. Tras muchas detenciones, fue asesinado en Chile.
*
domingo, agosto 09, 2020
Sobre Macedonia do Mangao
Oscar Niemeyer, brasileño, poeta de la arquitectura.
(dedicado a Macedonia do Mangao)
A ella la habitan mundos
diversos, dispersos, bellezas
Pertinaz, buscó amores
y encontró padecimientos
Pero siempre está de pie,
ahí, entera, maga de sí misma
Jugó en cornisas lejanas,
invariablemente salió ilesa
Es quejosa, brava, intensa
Es frágil, inabarcable, absurda
Sin saber, al dormir, ofrece homenaje
Niemeyer aprende que la creó
///
Los nacimientos de Macedonia do Mangao
Ella fue la hija de un sueño a los tropiezos.
Pero no de un sueño onírico que se esfuma.
Era un sueño de cansancio y de reconstrucción
tras otro día del hastío de obedecer y de callar.
Noche previsible de los que nada tienen.
Oscuridades de la oscura esclavitud.
Macedonia resultó una recién llegada
que tenía varios siglos vividos y dolidos.
Había sido poeta a escondidas, a solas,
antes de nacer en un rincón del Nordeste de Brasil.
Esas palabras le permitían escapar de su condena,
del destino obligado para los hijos de Cabo Verde.
Su mamá, hechicera y viajada por orden ajena,
le habilitó el pasaporte de Yemanyá; nada menos.
Ella lo guardó para siempre entre los ecos
de su tierra y de su mar y de su cielo y de su gente.
Su papá, amigo de los misterios que esconden esos mitos,
hizo lo prohibido: gritó un desahogo de esperanza al verla.
En el primer amanecer de Macedonia la magia sucedió.
Sus padres se abrazaron. El tiempo no fue urgencia esta vez.
Y ese abrazo sigue latiendo en el cuerpo, en el alma
y en las musicales voces de los tres. Aunque ya no estén.
En Sergipe, en Piauí y en Ceará los escuchan.
Y bailan esos ritmos mansos. Desde hace siglos.
Allí, todos cuentan y todos saben desde siempre:
algún día, alguna noche, Macedonia volverá a nacer.
By W.
martes, noviembre 04, 2014
Sobre ilusiones rescatadas
Paco Urondo y la muerte del Che. Retratos de un tiempo que sigue latiendo.
martes, octubre 07, 2014
Amanece que no es poco
"Amanecer", de Ernesto Cardenal. Sacerdote, poeta, artista. Orgullo de Nicaragua.
martes, septiembre 02, 2014
martes, mayo 06, 2014
Lo leemos, Don Augusto

Augusto Roa Bastos (nacido en Asunción el 13 de junio de 1917; fallecido en la misma ciudad el 26 de abril de 2005) es el más importante escritor paraguayo. Se lo reconoció internacionalmente con el Premio Cervantes. Sus obras han sido traducidas a, al menos, 25 idiomas. Escribía maravillas como la poesía que sigue, memorias de sus días en Buenos Aires:
Madres del pueblo
No cayeron tumbadas por las balas,
se inclinaron tan sólo hasta la tierra.
Madres adolescentes, centenarias abuelas,
toscas mujeres, madres suaves,
piedra humana doliente,
leve corteza
germinal.
Madres de estibadores,
rugosas campesinas,
chamuscadas obreras,
demacrada legión con el rayo en los hombros
y la noche en las trenzas;
madres de embarcadizos
con ojos desgastados por los puertos
distantes,
chiperas estrujadas como el maíz,
lavanderas como agua de arroyo,
tejedoras que tejen con el hilo nocturno
de su entraña,
burreras matinales,
pastorales mujeres,
esposas, hijas, novias populares,
y también hijas sin padres,
madres sin hijos…
En todas, pero en todas,
la patria amanecía con profundas ojeras.
Su vientre,
pan de tierra, su vientre taladrado
por el dolor y el hambre;
su vientre, abeja valerosa,
hizo el panal, la vida, su miel
amarga y áspera,
a la luz de una vela de sebo,
en pobre catre,
mirando un techo de hojas,
la noche, el cielo triste
del amor y la muerte.
No caísteis tumbadas por las balas,
acercasteis tan sólo hasta la tierra
vuestros ojos intensos
para alumbrar la noche de los mártires,
su corazón dormido vuestros brazos
en su cuna natal.
viernes, diciembre 06, 2013
Las lágrimas, según Juan Clemente Zenea
Por Juan Clemente Zenea*
Lágrimas
Ave que cruzas callada
el mundo de mis delirios,
blanca azucena brotada ,
en un vaso de cristal;
visión de todos mis días,
sueño de todas mis noches,
hermosa flor que vivías
con aliento mundanal.
¡Bella mujer! ¿qué te has hecho?
¿Por qué no siento tu mano
tocar mi frente y mi pecho,
y encender mi corazón?
Ave errante, ¿dónde fuiste?
¿Te has marchitado, azucena?
Sueño, ¿te desvaneciste?
¿Te evaporaste, visión?
¿Do están tus rayos, estrella?
¿Do te has ido, hija del cielo,
la del alma pura y bella,
la del rostro angelical?
¡Acaso en tus sinsabores
llorando está, mi adorada,
tus desdichados amores
y mi destino fatal!
Cuando la tierra se viste
con su ropaje de viuda,
y asoma la luna triste
en la azulada región,
por mi mejilla descienden,
salobres y abrasadoras,
gotas, ¡ay!, que se desprenden
de mi enfermo corazón.
Porque a estas horas me acuerdo
de mi existencia pasada,
y en ella no hay un recuerdo
que amargo deje de ser.
De mi vida cada escena
es una historia de luto,
cada memoria una pena,
cada instante un padecer.
Entonces se me aparece
tu imagen de fada errante
que sobre la mar se mece
al morir radiante el sol.
Entonces tus ojos miro
aun más negros que la noche,
y en tu hermosa faz admiro
las tintes del caracol.
Entonces, saben los cielos
que me acusa la conciencia
proporcionarte desvelos
con mi torpe ingratitud,
¡y sabe Dios, alma mía,
que tu tormento y tu llanto
contribuyeron un día
a entristecer mi laúd!
Sobre sus cuerdas rodaron,
una tras otras perdidas,
las lágrimas que brotaron
tus ojos en tu aflicción.
Desahogando tus pasiones
al descender temblorosas,
formaron lánguidos
con su tenue vibración.
Son perlas, ángel divino,
que valen más que mi vida,
y aun más de lo que el destino
me quisiera conceder,
¡oh! ¡si pudiera beberlas,
yo en mi pecho guardaría
esas blanquísimas perlas
que están secando tu ser!
¡Pero mi boca es impura,
y ese raudal de diamantes
presta brillo a tu hermosura
y consuelo a tu dolor!
Mis labios tu faz tocando
no habrán de mancharla, hermosa,
tú estás de amores llorando,
¡y quiero verte llorar...!
*Poeta cubano. Publicado en La Prensa de La Habana; sábado 6 de octubre de 1849.
miércoles, noviembre 06, 2013
El deseo, según Carlos Pellicer
Por Carlos Pellicer*
Deseos
Trópico, ¿para qué me diste
las manos llenas de color?
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.
En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.
Déjame un solo instante
cambiar el clima del corazón,
beber la penumbra de una casa desierta,
inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,
abandonarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,
acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.
¡Oh, dejar de ser un solo instante
el Ayudante de Campo del sol!
¿Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color?
*Poeta mexicano (1899-1977). Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
domingo, octubre 06, 2013
La introspección, según Jorge Debravo
Por Jorge Debravo*
Prevalecer
Cuando el cielo os absorba las entrañas
y quiera avergonzaros comparándose
con el cielo animal de la mirada,
volved los ojos hacia la infinitud
que lleváis escondida debajo de los párpados.
Volved los ojos hacia los ojos mismos.
Con eso basta.
Y cuando el viento os quiera avergonzar
comparando sus manos infinitas
con vuestras dos sencillas, tiernas manos,
hundid las manos en el amor, echadlas
a madurar en pura sangre humana.
Echad las manos entre las manos mismas.
Con eso basta.
*Jorge Debravo nació en Guayabo de Turrialba (Costa Rica) el 31 de enero de 1938 y murió en San José el 4 de agosto de 1967. A los 29 años cumplidos.
Sus padres fueron Joaquín Bravo Ramírez y Cristina Brenes, campesinos pobres. Jorge era el mayor y único varón de cinco hijos. El papá fue analfabeto. Jorge anduvo toda su infancia descalzo; debía levantarse a las tres de la mañana, y nunca le compraron libros. En Guayabo no había escuela y la más cercana, en Santa Cruz, estaba a cuatro horas de camino.
La mamá le enseñó a poner el nombre y las letras. Él escribía en hojas de plátano con un palito. Y más adelante compraba casquillos y hervía bayas que le daban una tinta color morado oscuro.
Para ayudar al papá trabajaba hasta las dos de la tarde. De esa hora en adelante hizo una milpa y con lo que sacó se compró un diccionario. Fue el primer libro que tuvo.
Fue uno de los poetas más destacados de Costa Rica.
Fuente: http://www.los-poetas.com/
viernes, septiembre 06, 2013
La primavera, según Octavio Paz
Por Octavio Paz*
Primavera a la vista
Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío.
El mar respira apenas, brilla apenas.
Se ha parado la luz entre los árboles,
ejército dormido. Los despierta
el viento con banderas de follajes.
Nace del mar, asalta la colina,
oleaje sin cuerpo que revienta
contra los eucaliptos amarillos
y se derrama en ecos por el llano.
El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.
*Escritor mexicano. Fue (y es) uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos. También ejerció como traductor, periodista, profesor y diplomático.
martes, agosto 06, 2013
La infancia, según Rubén Darío
Por Rubén Darío*
Allá lejos
Buey que vi en mi niñez echando vaho un día
bajo el nicaragüense sol de encendidos oros,
en la hacienda fecunda, plena de la armonía
del trópico; paloma de los bosques sonoros
del viento, de las hachas, de pájaros y toros
salvajes, yo os saludo, pues sois la vida mía.
Pesado buey, tú evocas la dulce madrugada
que llamaba a la ordeña de la vaca lechera,
cuando era mi existencia toda blanca y rosada;
y tú, paloma arrulladora y montañera,
significas en mi primavera pasada
todo lo que hay en la divina Primavera.
*Poeta nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Uno de los poetas más influyentes del Siglo XX en el ámbito hispánico. Lo llamaban y lo llaman El Príncipe de las letras castellanas.
sábado, julio 06, 2013
Los héroes, según Jaimes Freyre
Por Ricardo Jaimes Freyre*
La muerte del héroe
Aún se estremece y se yergue y amenaza con su espada
cubre el pecho destrozado su rojo y mellado escudo
hunde en la sombra infinita su mirada
y en sus labios expirantes cesa el canto heroico y rudo.
Los dos Cuervos silenciosos ven de lejos su agonía
y al guerrero las sombras alas tienden
y la noche de sus alas, a los ojos del guerrero, resplandece como el día
y hacia el pálido horizonte reposado vuelo emprenden.
*Nació en Perú, vivió en Bolivia y en la Argentina. Poeta fundacional del Modernismo, junto al nicaragüense Rubén Darío.
jueves, junio 06, 2013
La poesía, según Maybell Lebron
Por Maybell Lebron*
Poeta
Es un poeta.
Aislada en un bloque de cemento
la voz baja de tono
rebota en las paredes muertas
bajo la luz fingida
teñida de vergüenza.
Afuera
despiertan las estrellas
en triunfal interludio.
En la terraza cálida
un hombre
mira el cielo.
*Poeta argentina de fuerte influencia paraguaya.
lunes, mayo 06, 2013
La Iglesia, según Benedetti
Por Mario Benedetti
Once
Ningún padre de la iglesia
ha sabido explicar
por qué no existe
un mandamiento once
que ordene a la mujer
no codiciar al hombre
de su prójima.
*Escritor y poeta uruguayo.
miércoles, marzo 06, 2013
Morazán, los unidos y los educados
A Centroamérica le partieron el mapa
Francisco Morazán no murió en la primera descarga. Se levantó, como pudo, y él mismo mandó corregir la puntería y dio la orden de fuego. Después, el tiro de gracia le partió la cabeza.
Partida quedó, también, Centroamérica. Cinco pedazos que ahora son seis. Estos seis países, que se ignoran y se malquieren, habían sido, en tiempos de Morazán, una sola república. El había presidido Centroamérica desde 1830 hasta 1838. La había querido unida, y por ella peleó.
En su última batalla, reunió a ochenta hombres contra cinco mil. Cuando entró en San José de Costa Rica, atado al caballo, una multitud lo miró pasar en silencio. Al rato nomás, recibió sentencia y fue fusilado y durante muchas horas siguió acribillándolo la lluvia.
Cuando Morazán nació, en Honduras, no había allí ni una sola escuela pública y ningún hospital donde los pobres pudieran entrar antes de pasar al cementerio.
Morazán convirtió los conventos en escuelas y hospitales, en Honduras y en toda Centroamérica, y el alto clero denunció que este Satán expulsado del Cielo tenía la culpa de la viruela y de la sequía y de la guerra que la Iglesia hizo contra él.
Trece años después de la caída de Morazán, William Walker invadió estas tierras...
Eduardo Galeano, en el libro "Espejos" (2008).
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Alta es la noche y Morazán vigila
Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.
Pablo Neruda (Canto General, XXXI) sobre Francisco Morazán, el hombre que unió a Centroamérica, el líder de la República Federal de Centroamérica.
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"Ninguna frivolidad se notaba en sus costumbres, tan puras, sencillas y arregladas. Huía de las diversiones, lo mismo que de exhibirse y lucirse. Evitaba las demostraciones de simpatía, los banquetes y las liviandades, pero lo complacía en extremo el trato de los hombres ilustrados, aunque fueran sus enemigos...nadie le temió, porque jamás se le vio un acto de ferocidad ni ensañamiento. Sus mayores enemigos, deponían sus iras en su presencia, porque viéndole era imposible odiarle".
Antonio Grimaldi, en el libro "Morazán y la Federación Centroamericana", de Arturo Humberto Montes.
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En honor al prócer hondureño, la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, fundada hace 56 años, lleva su nombre.
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El himno a Francisco Morazán.
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